El 22 de septiembre de 1996, el Estadio Eva Perón de Junín fue testigo de un encuentro que quedaría grabado en la memoria de los hinchas de Sarmiento. En un partido tenso y lleno de emociones, Sarmiento se enfrentó a su eterno rival, Argentinos Juniors, en lo que se conoce como el clásico del norte de Buenos Aires. Este partido no solo era crucial por los puntos, sino también por el orgullo y la historia que ambos equipos compartían.

El partido comenzó con un ritmo frenético, donde ambos equipos intentaron imponer su juego desde el primer minuto. Sarmiento, bajo la dirección de su entrenador, mostró un planteamiento ofensivo que sorprendió a los visitantes. La afición local, que colmaba las gradas, no tardó en alentar a su equipo, creando una atmósfera electrizante que se sentía en cada rincón del estadio.

La primera mitad estuvo marcada por varias oportunidades de gol, pero fue a los 35 minutos cuando Sarmiento rompió el empate. Un tiro libre ejecutado magistralmente por el mediocampista estrella del equipo, que se convirtió en el héroe de la jornada, encontró la cabeza de un defensor, quien desvió el balón hacia el fondo de la red. El estadio estalló en júbilo; el gol significó no solo la ventaja, sino también un golpe psicológico para Argentinos Juniors, que luchaba por recuperar el control del juego.

En la segunda mitad, Argentinos Juniors intentó reaccionar, pero la defensa de Sarmiento se mantuvo firme. Con cada ataque de los visitantes, los defensores demostraron su solidez, y el arquero, en una actuación memorable, realizó varias intervenciones clave que mantuvieron el arco en cero. A medida que avanzaba el tiempo, la ansiedad de los jugadores de Argentinos se hacía palpable, mientras El Verde seguía buscando aumentar su ventaja.

Finalmente, en los minutos finales del partido, Sarmiento sentenció la victoria con un segundo gol que llegó tras un contraataque letal. La hinchada estalló nuevamente, celebrando lo que se convirtió en una de las victorias más memorables de su historia reciente. El pitido final desató una fiesta en las gradas, donde los aficionados cantaron y celebraron, reafirmando su pasión y lealtad hacia el club.

Este partido no solo fue una victoria en el campo, sino que también fortaleció la identidad y la rivalidad entre Sarmiento y Argentinos Juniors. La historia de esa jornada del '96 se cuenta hoy con orgullo entre los seguidores de El Verde, recordando cómo un equipo, con el apoyo incondicional de su afición, puede lograr hazañas memorables. La victoria de ese día sigue siendo un símbolo de lo que representa Sarmiento en el fútbol argentino: lucha, pasión y un espíritu indomable que perdura a lo largo de los años.